Tristeza por la pérdida de Father Francis Muhenda

Aitor Elustondo17-Jun, 2017

Muhenda es Africa y Africa es Muhenda. Un trocito de África nos ha abandonado, pero su legado quedara para siempre. El padre Francis Muhenda es de esas personas que dan confianza desde el momento que les conoces.

Para mi Muhenda ha sido una fuente de inspiración. Me atrevo a decir que muchas de las lecciones que he aprendido a nivel espiritual han sido en el poco tiempo que he compartido con Muhenda. Me queda el dolor de que ya no podre manar mas de su sabiduría.

 Kamwenge y Butunduzi no serian lo que son si no fuera gracias a Muhenda. El tuvo una visión y la hizo realidad. Ambas comunidades tienen que estar orgullosas de lo que son hoy gracias a Muhenda.

A pesar de problemas que nos encontrábamos el siempre encontraba una solución, una sonrisa, una for. Su amor y apoyo a la comunidad mas pobre era incansable.

En mi retina queda su pasión por el aprendizaje, su capacidad de leer, su salita de estar llena de revistas de economía, su cama y estanterías siempre llena de recortes de prensa y libros,…lectura, lectura, lectura….¿de donde sacabas tanta energía para ayudar a todo el mundo y encima tener tiempo para leer tanto?……en mi retina queda la visita a las plantaciones de pinos y eucaliptos, la visita a escuela técnica de Butunduzi, esa niña que recogiste de una esquina con malaria, tu apoyo incondicional cuando teníamos dificultades políticas con tu propia iglesia, nuestras conversaciones, tu interés en la política y economía española, pero por encima de todo tu visión de ayudar a los mas desfavorecidos. Los pobres y la comunidad siempre estaban por encima de todo…

Francis, tu partida es un dolor tan grande que no se expresarlo en palabras. Tengo un vacío terrible. Quiero que vuelvas, recuperar el tiempo que no hemos tenido juntos….

Fuiste de esas personas que sin tu saberlo marco mi vida (como has marcado la de miles de personas en Africa). Fuiste de esas personas con las que me hubiese gustado haber compartido muchísimo mas tiempo.

Francis, siempre estarás en mi corazón. No se como darte las gracias por ser lo que has sido

Aitor Elustondo

Voluntario de África Directo

Si no estuviera en África Directo, me metería de cabeza.

Santiago Mas14-Jun, 2017

Hay un proverbio africano que dice: “Si quieres llegar rápido, camina solo. Si quieres llegar lejos, camina en grupo”. Llevo más de diez años en África Directo y, sin embargo, sigo mirando el trabajo que se lleva a cabo desde fuera, como alucinado espectador. No me sucede solo a mí, he hablado con voluntarios que se han pasado años a pie de proyecto y tienen la misma sensación. ¿Será porque es esta ong una organización muy vertical? Nada más lejos de la realidad, al contrario, la estructura es tremendamente horizontal (capitaneada por gente con todo el conocimiento) y, en cuanto te descuidas, te ponen en tus manos decisiones de gran responsabilidad, ya sea en España o en el terreno. Entonces, ¿de dónde surge esta sensación? Yo creo que la razón es que los proyectos que se llevan a cabo poseen una envergadura que le hace a uno sentirse chiquitito. Tampoco ayuda la cantidad de países en los trabajamos, nada más y nada menos que veinticinco. Puedes ser un gran experto en la mitad de los numerosos proyectos que llevamos a cabo en, pongamos Malawi, y tan solo sabrás del alcance de una parte de cincuenta lo que se hace. Es decir, en esta ocasión es la cantidad la que hace que tengas la sensación de que eres una pizquita de la ayuda, tanto como para autoexcluirte fácilmente de los alucinantes logros.

 

Pero, ¿y a qué viene todo esto, y el título, y el proverbio? Whatsapp es un coñazo el noventa por ciento del tiempo. Como dice Javier Cansado: “no debería ser gratis, ni tampoco muy barato”. Pero a veces, solo a veces, la información que te distrae de lo que estés haciendo es oro puro. En esas ocasiones el icono verde trae consigo noticias, fotos o avances de algún proyecto que te dibuja una sonrisa en los labios de las que trepan hasta las orejas. Y todo gracias a unas rayitas de internet que llegan a algún área rural perdida en un rincón africano.

 

Y te vuelves a sentir pequeño. Pequeño por que el voluntario que hay detrás de ese teléfono al que han llegado el par de rayitas lleva ya dos o tres años repitiendo en esto de ayudar a los demás. Quizá ahora esté en un campo de refugiados de Uganda, quizá haya estado con anterioridad en Sudan del Sur y por eso entienda perfectamente a esas personas que han tenido que huir a dicho campo, y quizá antes de esto haya estado conociendo la dura realidad de Etiopia para, poco a poco, ir componiendo la foto general de África. Quizá ese voluntario, o esa pareja de voluntarios, estudiaron bellas artes. Tal vez, en su primer proyecto en África empezaron haciendo videos profesionales y fotos y alguna tarea administrativa. Proyectos dispares después o microcréditos, quién sabe. Y puede que continuaran, llevados por una mano invisible, construyendo al unísono letrinas aquí y aulas cien kilómetros más allá. Una labor de altura en toda regla que no desplaza a la primera, si no que se suma a ella.

Un millón de gracias Almudena !!!! Un millón de gracias Pablo !!!! Por el trabajo y la forma de desempeñarlo, por los esfuerzos y el amor. Me meto de cabeza a caminar con vosotros, ¿quién no lo haría?

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Visita Pablosky al colegio Saint Anthony. Kamwenge, Uganda.

Pablo de Vega22-May, 2017

Eva Martin nos cuenta en el vídeo cual es el apoyo de Pablosky al colegio Sant Anthony, el principio de un camino conjunto con África Directo. Un millón de gracias !!!! 

 

 

 

Ana Palacios en la prestigiosa revista Witness

Africa Directo24-Abr, 2017

Ana dona los beneficios derivados de los derechos de autor generados por la venta de esta publicación (de su fotolibro) a África Directo para el desarrollo del proyecto de fotoprotectores Kilisun.

Si quieres viajar de su mano, tan solo pincha aquí.

Ana Palacios es periodista y fotógrafa. Ella divide su tiempo entre la producción cinematográfica internacional y la fotografía documental, iluminando los rincones rotos del mundo en colaboración con ONG como Manos Unidas, África Directo y InMovement. Representada por Espacio Foto, su trabajo sobre cooperación en el desarrollo ha sido publicado en publicaciones internacionales como The Guardian, Al Jazeera, Stern, Die Spiegel, Days Japan, 6 Mois, Daily Mail, XL Semanal, El País, Tiempo, Yo Dona, Mundo Negro, etc.

Desde el exilio

Hna. Lorena Ortiz26-Feb, 2017

Queridos amigos/amigas, quisiera compartir con ustedes  algo sobre la situación que estamos viviendo aquí en Sur Sudan.  

Les escribo desde Uganda, donde estamos en exilio junto a nuestro pueblo del S. Sudan. Las razones del exilio son varias y complejas, antes de Navidad escuchamos rumores de un posible ataque entre los soldados de la oposición y los del gobierno. Por casi todo el mes vimos cientos de personas huir hacia el norte de Uganda donde están los campos de refugiados; la gente caminaba tanto bajo el sol, con niños y cargando los bienes necesarios como podían.  Nos preguntábamos como sería nuestra Navidad, gracias a Dios la celebramos bien y recibimos el nuevo año alegremente en comunidad con la gente, aunque al mismo tiempo en muchos de ellos captamos tensión y miedo.

Terminadas las fiestas, como previsto, las hermanas viajamos a Nairobi para el retiro la asamblea anuales. Mientras estábamos en Nairobi recibimos la noticia de que el domingo en una de las capillas, mientras la comunidad rezaba, los soldados entraron y mientras la gente huía, seis personas fueron asesinadas, entre ellos un catequista. Regresando de Nairobi, estando aún en la frontera con Uganda, encontramos algunos de nuestros feligreses allí: rostros cansados, agobiados, sufridos; nos informaron sobre la situación en nuestra zona y nos dijeron que toda la gente estaba huyendo porque nadie se sentía seguro ahí. La gente huyó con todos sus bienes, caminando por horas bajo el sol, cargando pesos, durmiendo algunas noches en los bordes de la calle y cuando finalmente llegaron a la frontera tuvieron que esperar algunas horas para ser inscritos y asignados por las Naciones Unidas a un campo de refugiados. Ver a nuestra gente en esas condiciones sentí pena, parecían ovejas sin pastor.

En la frontera vimos muchos autobuses de las Naciones Unidas UNHCR que transportaban a la gente hacia los campos de refugiados, detrás de ellos partían también camiones transportando sus pertenencias: recipientes para el agua, colchonetas, sillas, mesas, ollas, en fin, todo muy simple, lo que la gente posee. Dejada la frontera, nosotras continuamos nuestro viaje hacia el Sur Sudan, y lo largo del camino vimos muchas cabañas cerradas con candado,  pozos sin mujeres que recogieran agua, aldeas vacías y patios sin niños que jugaran, ningún joven paseando por las calles o jugando en el campo de futbol. En el camino encontramos de nuevo gente caminando hacia la frontera: hombres sudorosos y fatigados, el polvo rojizo cubría sus caras y su ropa, rostros cansados, llevaban sus motos o bicicletas sobrecargadas con sus animales, sacos, cajas y otras pertenencias.

                 Aquella primera noche de nuestro regreso percibí un silencio extraño, los perros aullaban como si lloraran la ausencia de sus amos. A la mañana siguiente no hubo gallos que anunciaran el amanecer. En la tierra de la misión, las personas más vulnerables estaban esperando que se les ayudara para llegar a la frontera con sus bienes, estos eran: mujeres embarazadas, personas con discapacidad, ancianos, enfermos, éstos fueron ayudados de manera especial. Por la mañana fuimos a saludarlos y a conversar con ellos, su presencia me hizo pensar a los pobres de Yahveh, a aquel resto fiel del pueblo de Israel que esperaba solo en Dios su liberación y salvación. Una joven con discapacidad se me acercó, me tiró del brazo y me abrazó, luego me ofreció un pedazo de caña de azúcar. Otro chico con retraso mental me llamó desde donde estaba sentado en el suelo y me ofreció un trozo de patata dulce (camote). Gestos de dulzura y calidez de quien de guerra o de luchas tribales no entiende mucho, de quien  vive la relación con los demás de manera simple y espontánea … y le pedí al Señor de donarme un corazón sencillo como el de ellos.

                 Nosotras como misioneras/os optamos por quedamos con el pueblo aún en situaciones de peligro, si es necesario, conscientes de que nuestra vida la hemos ya donado al Señor. Hacer causa común con las personas con las que vivimos es una parte importante del legado que Daniel Comboni nos dejó, es profecía en nombre de la pobreza y de la hermandad universal, porque para Dios no existen vidas humanas más preciosas que otras. En nuestro caso fue la gente que abandonó el lugar y nos quedamos solo las hermanas y los misioneros. La gente nos advirtió de salir también nosotros, porque en cualquier momento podría comenzar el enfrentamiento armado, nos pidieron de no abandonarlos en los campos, de visitarlos, de ir a rezar con ellos. Como equipo pastoral pedimos al Señor que nos asistiera con su sabiduría, entre nosotros dialogamos tratando de discernir que hacer; al final decidimos dejar la misión el lunes 6 de febrero y partimos hacia la comunidad comboniana más cercana en el norte de Uganda; zona donde están los campos. Queremos ofrecer un servicio pastoral a nuestros feligreses y acompañar esta experiencia de exilio, que es también el nuestro.

. Un abrazo,  Hna Lorena Ortiz.

Martha Ponie

Almudena de las Heras19-Feb, 2017

“Marthaaa poniiiiieeee” se oye en el campo de refugiados Bidi Bidi. Y Martha desde su sitio de siempre, sonríe y saluda buscando la mano del voluntario que la llama.

Martha es una sudanesa del sur constante en dos cosas: en su sitio de sentarse y en su sonrisa.  Debajo de un porche improvisado de hojas de palmera y ramas de mango, observa todo los que pasa a su alrededor, que no es mucho en esta zona del campo.

“Martaaaaa poniiieeeee” se vuelve a escuchar, y Martha levanta una mano con ayuda de la otra para estrechar la mano de quien la llama. Y sonríe.

Martha Poniee, minusválida de la zona 4, asentamiento 6, anexo B, número de identificación A 329 291. Pero Martha no es solo un número de archivo. Martha es una de las 20 discapacitadas que viven en este campo de refugiados de Bidi Bidi, al norte de Uganda. Beneficiaria de las 20 letrinas adaptadas que África Directo está construyendo este mes, junto a otras 460 familiares, en una de las zonas más vulnerables del campo.

Martha vive con su hijo Samuel, que cuida de ella. Samuel ha heredado el buen humor de su madre. Estos días Martha, está entretenida con las vistas desde su sombra preferida: han venido unos chicos muy jóvenes a cavar y construir sus letrinas. El voluntario también se sienta a su lado en silencio, absorto observando los trabajos de construcción. Entonces Martha habla en árabe algo que su hijo Samuel nos traduce: “ Gracias, gracias por construirme esta letrina”.

Quisiera con esta entrada al blog hacer extensible a todos este GRACIAS de Martha Poniee. Porque lo siento como un GRACIAS grande. Un gracias que se extiende a los donantes, a los voluntarios, a las familias de los voluntarios que les esperan y echan de menos. Gracias a las ONGs internacionales que trabajan para el campo, GRACIAS por las horas frente al ordenador, por las noches en vela y por el esfuerzo. Y es importante que llegue este GRACIAS a todos, porque a veces, el trabajo en un campo de refugiados tristemente se ve reducido a números y porcentajes. No podemos olvidar que los campos de refugiados no pueden ser confundidos con campos de concentración, aunque los nombres se vean sustituidos por números constantemente y las condiciones de vida en ellos sean muchas veces muy duras.

Un campo de refugiados es un lugar dónde seres humanos trabajan para el bienestar y la protección de otros seres humanos. Y eso no podemos olvidarlo. Por eso es importante el GRACIAS de Martha Ponie. Aún queda mucho por hacer, pero ella nos da las gracias por que sigue viva.

 

La sonrisa perdida de África

Manuel Criado18-Feb, 2017

12 de la mañana en Bidibidi refugee camp. Mucho sol y poca sombra. Desde nuestro privilegiado banco en el Centro de Reuniones del Asentamiento,  apenas se escucha nada que atisbe la vida de tanta gente en la zona. Alguna tímida conversación, una mamá cargando en la cabeza sus 25 litros diarios de vida, y en este momento el sonido de un martillo. Están construyendo una nueva “tienda”. Se une a las 6 ya terminadas que forman una línea paralela a la cuneta del camino que cruza el asentamiento. Al paso de cada vehículo lanza implacables olas de polvo a sus vecinos.

En estos establecimientos, propiedad de gente local, se pueden adquirir varios tipos de refrescos y cerveza calientes, así como ciertos utensilios para la comunidad y huevos o caramelos como oferta culinaria. Jamás vi ningún cliente. Porque aquí el comercio no existe, al menos por el momento. Aquí no hay nada. NADA. Hago énfasis en la palabra por lo difícil que es reproducirla en nuestra conciencia occidental y lo fácil que es olvidarla una vez te vas de aquí.

Hombre africano solo

El día a día en esta zona del segundo campo de refugiados más grande del mundo es básica. Consiste en conseguir llegar a ver el sol del día siguiente pasando el menor hambre posible. Una lucha llevada a cabo en casi la totalidad de los casos por la mujer, cabeza de familia, que trata de sacar adelante a sus pequeños cuyo número medio por pareja es de 7. La mayoría de los hombres quedaron atrás en el éxodo de Sudán del Sur hacia Uganda. Unos al cuidado del ganado y otros al del Kalashnikov en los enfrentamientos diarios que siguen librándose al otro lado de la frontera.

La batalla por aliviar las necesidades diarias más primarias de cualquier ser vivo cortan de raíz cualquier atisbo de progreso en la comunidad. Creatividad o imaginación quedan relegadas a un segundo plano.

Estamos ante un pueblo patológico que sufre de desesperanza. Una total ausencia de idea de futuro para ellos y sus familias. La brutal y cruenta guerra que ha golpeado a estas gentes, un largo y difícil viaje dejando todo atrás, las grandes dificultades encontradas a su llegada a un lugar en el que las buenas intenciones se pierden en largas reuniones burocráticas, especulación, relocalizaciones una vez asentados y pocas soluciones efectivas por parte de las grandes organizaciones aquí reunidas son causa de ello. Además hay que tener en cuenta los recursos limitados del país que acoge, que no tiene suficiente para los suyos mientras sigue recibiendo gente. Algo así como nuestro querido viejo continente.

La sintomatología que salta a la vista es la impactante sonrisa de estas gentes. La sonrisa, uno de los símbolos africanos por excelencia. Esas que aparecen en cualquier rincón, en las situaciones más inverosímiles, cargadas de energía, verdad y fuerza para sobreponerse a todo. Instantáneamente provocan en el receptor la necesidad de devolverla. Un auténtico traspaso de sentimientos, pura empatía. Verdaderas luces en la oscuridad.

Niños africanos

Pues bien, las sonrisas de Bidibidi son diferentes. Podría decirse que son medias sonrisas, por el acto reflejo africano de esbozarlas. Pero transmiten dolor, mucho dolor.  Un dolor que se refleja también en la mirada. Apática y triste. Dirigida a un futuro incierto, esperando cualquier destello que les arroje una mínima esperanza, ya no a los adultos, golpeados irreversiblemente por la atrocidad de la guerra, sino a sus descendientes. A los miles y miles de niños de Bidibidi que les cambió el destino por el orgullo, egoísmo y aires supremacistas de ciertos dirigentes a los que no conocen, así como los eternos conflictos étnicos de su tierra maldita.

Pero como dijo Rabindranath Tagore : “ La desdicha es grande, pero el hombre es aún más grande que la desdicha” . Las lluvias llegaran pronto y traerán consigo la posibilidad de cultivar las pedregosas tierras de la zona. El pequeño comercio pondrá en marcha el engranaje de esta nueva comunidad asentada donde antes no había nada.

Niños refugiados

El color blanco que pintan los plásticos de las chozas en el ambiente se tornará oscuro por los ladrillos de barro.

Podrán lavarse los cuerpos y las ropas con jabón.

La ración diaria quizá supere el ridículo puñado de maíz o judías actual.

Y así, quizá también las sonrisas vuelvan a brotar desde ese vergel que es el alma africana

 

Manuel Criado. Yumbe. 18 febrero 2017.  

Agua en Malawi, ¿pero para qué?

Devline Msowoya05-Feb, 2017

Los primeros expedicionarios y colonizadores llamaron al país de Malawi Nyasaland, que no tiene nada que ver con la la la Land, sino la tierra del lago, porque es obvio que es un país alrededor de un gran lago formado por el Valle del Rift. Los primeros voluntarios de Africa DIRECTO (llamada inicialmente solidaridad con Malawi) conocíamos el país y también nos llamaba la atención que pudiera haber hambre y una agricultura de subsistencia dependiente de las lluvias en un país con un lago tan grande. Estaba claro que ese agua tenía que servir para regar los campos y para alimentar a millones de habitantes que cada año por estas fechas sufren falta de alimentos en el país. Que no hubiera ningún proyecto para utilizar el agua del lago en un programa de irrigación era poco entendible, pero dado los excedentes agrícolas existentes en Europa y Estados Unidos no era fácil que los países donantes que desarrollan políticas de dumping agrícola quisieran financiar la agricultura de un país con mano de obra barata, mucho sol, una gran reserva de agua y tan cercano nuestros mercados… Parece ser que por fin alguien va a usar ese agua pero tiene toda la pinta de que no apoyará la agricultura sino el desarrollo de las ciudades que son por el contrario mercado para colocar nuestros productos y no al revés, una producción para abastecer nuestros mercados.

En cuanto informamos a nuestra contraparte en Malawi de este proyecto que habíamos visto en internet, esta es la respuesta que hemos obtenido:

El proyecto apunta a la ciudad de Lilongwe. Es un buen proyecto Sin embargo, la cantidad podría haber mejorado la disponibilidad de agua para el 80% de la población que vive en las zonas rurales. El proyecto incluso ha evitado el distrito de Salima. He oído que las tuberías de agua pasarán por Salima a Lilongwe dejando Salima seco. Durante casi un mes ya no hay gota de agua en el hospital del distrito de Salima… 

 

 

Articulo escrito por Jose Maria Marquez, Director de África Directo y Devline Msowoya, Director del Hospital de Alinafe, al que África Directo apoya desde el inicio de su existencia.

 

Link a la noticia original en ingles: 

 

 

Enrique Vaquerizo y la lista Pokemon.

Santiago Mas29-Ene, 2017

Decía Lola Flores que si dabas una patada en España salían miles de buenos cantantes, pero que te pagaran por ello era otra cosa. No sé si el número de buenos escritores será similar. pero seguro que esa cifra se reduce considerablemente si añadimos el buen humor a la ecuación. Volvamos a pasar por el tamiz a aquellos sin ganas de hipoteca en una torre de marfil y el guarismo habrá adelgazado con la intensidad de la operación bikini. Demos una última vuelta de tuerca pidiendo que el narrador de historias esté con la cabeza en como ayudar con un proyecto tan personal como un libro, y la lista habrá menguado a tamaño Pokemon. Pues bien, entre esos nombres “de altura” podrás encontrar a Enrique Vaquerizo, que ayer presentó su libro Historias Salacot y Fortasec en el precioso espacio cedido por Pangea.   

Enrique donará parte de  los beneficios derivados de los derechos de autor generados por la venta de esta publicación a África Directo para el desarrollo de nuestro proyecto de escolarización y mejora de las condiciones educativas de las niñas de la localidad de Ezilo, Nigeria (José María Márquez, Director de África Directo, estuvo presente explicando el proyecto). Además, nos donó 100 libros para la venta. 

El libro representa un recorrido por nueve países de África Occidental a través de diferentes relatos, en los que se mezclan la narrativa de viajes, la visión periodística y la vivencial. En esta última tiene un peso especial la experiencia del autor como voluntario de África Directo.

Un millón de gracias Enrique por estar en la lista Pokemon y compartirlo con nosotros!!!! 

 

 

 

 

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África cambia !!!!

áfrica directo23-Ene, 2017

Veinte de enero. Mientras el mundo no pierde detalle de la investidura de Donald Trump en EEUU, a miles de kilómetros, en un pequeño país africano llamado Gambia, un dictador hace las maletas para irse al exilio. Después de 22 años parecía imposible que Yahya Jammeh cediera el poder de manera pacífica, pero una delicada combinación de intensa diplomacia y de amenaza militar bastó para que, sin disparar un solo tiro, el régimen colapsara. Algo inédito en la historia reciente de África.

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