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El mejor regalo de Navidad (o dos en uno).

2 Enero 2011

Mar le ha enviado a Guadalupe un mail de esos que te ayudan a andar con la sonrisa en la boca hasta que llegue la primavera. Durante todo el mail habla de una foto; dicha foto no la ha podido mandar o lo olvidó. Así que hemos decido poner la foto de otro nieto que ha llegado en estos días. Este nieto pertenece a una voluntaria que ya tiene varios y que los cuida con asiduidad y que hace malabares para presentar proyectos y mil cosas más. En definitiva, que os proponemos la foto de un recién nacido futuro voluntario y una historia que parece un cuento de hadas.


Queridos amigos:

Lo primero de todo los deberes atrasados, ¡FELIZ NAVIDAD!   Ya se que siempre digo lo mismo, pero os tengo en mi cabeza todos los días, y cada día me propongo sacar un rato para escribir, y cada día descubro que las horas tienen menos de 60 minutos en Etiopía.  Y por eso pasan estas cosas, que me pongo a felicitar la Navidad casi en Año Nuevo.  Me perdonáis ¿verdad?

 

Cuando estoy tanto tiempo sin escribiros no se ni por donde empezar a contaros.  Lo más importante quizás es deciros que los niños están bien, que siguen creciendo (buena señal) y que son felices.

 

En noviembre estuvo mi madre por aquí y la verdad es que fue una gozada tenerla tan cerca, tenía muchas ganas de que viniera, de que viera donde estoy, que me viera feliz aquí.  Pero sobre todo tenía ganas de que conociera a todos los niños y de que ellos la conocieran a ella.  Los quince días que estuvo se me hicieron cortísimos, pero cundieron, los niños tuvieron la oportunidad de probar algunas de las comiditas ricas de mi mami y les encantó, y a ella verlos disfrutar.

 

En estos últimos meses, y con la ayuda de Oscar, le hemos dado un empujón a la granja y al huerto.  Gracias a unas cuantas colaboraciones, ya tenemos tres vacas lecheras y tres terneros (dos de ellos hembras).  Así que ahora, no sólo tenemos leche suficiente para que todos los niños tomen un par de vasos diarios, sino que además nos sobra para queso y mantequilla.

 

Una de las grandes noticias de estos últimos meses, es que Nuevos Caminos nos concedió una subvención para construir un nuevo edificio en el que estarán la enfermería, el aula/biblioteca y la sala de psicomotricidad.  Las obras ya han empezado y van fenomenal, así que en pocos meses podremos inaugurarlo!

Pero si me he decidido hoy a sentarme a escribir, ha sido sobre todo por algo que me paso ayer.  Y es que tuve la suerte de presenciar el mejor regalo de Navidad que he visto nunca.  Creo que todavía no os había hablado de Haymanot y Gobena, y esta historia es de ellos, así que lo primero es presentarlos.  Haymanot y Gobena llegaron al hogar hace más o menos año y medio.  Son hermanos y vivían en un poblado a las afueras de Meki.  Habían perdido a su padre hacía pocos meses y a su madre dos años antes.  Cuando llegaron aquí nos dijeron que no tenían a nadie que pudiera hacerse cargo de ellos.  Haymanot tiene la sonrisa más increíble que os podáis imaginar, creo que nunca la he visto triste y muy pocas veces se enfada.  Gobena es un trasto, con cara de bruto, y claro esta él le hace honor a esa cara… pero es buen niño.  A los pocos meses de llegar nos dijeron que en el poblado donde vivían se había quedado su abuela y cuando conseguimos que alguien nos llevara hasta el poblado (nosotros no habíamos ido nunca y los niños no se acordaban de cómo llegar) nos fuimos a visitarla.

 

El reencuentro con la abuela fue muy emocionante, probablemente ella pensaba que no volvería a ver a sus nietos y no podía creérselo cuando los tuvo delante.  Haymanot se recorrió todo el poblado, de casa en casa saludando a todo los vecinos y para cuando terminamos la visita, tenía unos treinta niños detrás de ella.  Antes de irnos aquella primera vez hicimos una foto de la abuela con los dos nietos.  Esa foto ha estado colgada en la habitación de Gobena y Haymanot todos estos meses.  Ayer fuimos otra vez a visitarla porque los niños querían invitarla a la fiesta del cole que tienen este sábado, porque actúan en una obra de teatro y los niños quieren que su abuela venga a verlos.  Así que antes de montarnos en el coche para ir al poblado, Gobena fue corriendo a su habitación y cogió la famosa foto para regalársela a su abuela.

 

Y ese precisamente, una foto, es el mejor regalo de Navidad que he visto nunca.  Diréis que tampoco es para tanto, que parece poca cosa, pero cuando Gobena le dio la foto a su abuela ella se puso a llorar y no dejaba de mirar la foto y aplastarla contra su pecho, como si fuera el mejor regalo del mundo.  Luego estuvimos hablando con la abuela un rato (Jorge y yo con traductor, claro), y nos decía que estaba feliz porque los niños estaban con nosotros, que sabía que estaban cuidados, que estaban felices y que eso le hacía feliz a ella.

 

Y mientras volvíamos a casa pensaba en lo afortunada que soy por estar aquí, por poder presenciar momentos tan maravillosos como estos.  Y también pensaba en lo loco que esta el mundo tantas veces, en la facilidad con la que se nos olvida que lo realmente importante, lo que nos hace felices apenas cuesta nada, no más de 2 birr que es lo que cuesta aquí imprimir una foto.

 

Así que con el corazón más navideño que nunca os mando un beso enorme, mis mejores deseos para el Año Nuevo.  Pero sobre todo os deseo, que el próximo año no olvidéis ni un solo día que lo mejor de la vida casi siempre es gratis y que ser y hacer feliz a los demás está al alcance de todos, sólo hay que estar atentos.


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