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Carta desde Butare

5 Junio 2016

Butare es un lugar amable, que no fácil, está lejos de “todo” si cuando nos referimos a “todo” pensamos en cosas materiales. Pero está muy cerca muy cerca de su gente, de su comunidad, de la tierra, de lo básico y esencial que alguien pueda necesitar.


Hablamos de un centro médico en un área rural remota al Oeste de Uganda. Donde desde hace más de 60 años unas monjas decidieron ofrecer salud a las gentes que vivían en la zona. Empezaron con muy pocos medios, lo básico y así continuaron durante años en un edificio que se había quedado viejo, arcaico, descolorido y desconchado, cuatro paredes para  dar asistencia a toda la población de la zona, donde no había ningún tipo de intimidad, donde hombres, mujeres y niños compartían espacio y en muchas ocasiones ni siquiera disponían de camas suficientes.

En Uganda pueden pasar años hasta que el gobierno decida mejorar las infraestructuras y así estaban en Butere, esperando promesas que nunca llegaban. Fue Sister Pelagia quien encontró a África Directo, les planteó las necesidades, los problemas y las enormes posibilidades que ofrecía este sitio.  Y después de años de intenso trabajo conjunto, desde España, los voluntarios en Uganda y la contra parte local el nuevo Butare ahora es una realidad.

Gracias a la donación altruista de Juan León, se consiguió el dinero suficiente para construir el área de hospitalización con tres plantas, wards, separadas para hombres, mujeres y niños con 15 camas cada una. Así como otro edificio para la OPD, centro de salud, con salas para dos consultas médicas, sala de curas, farmacia, laboratorio, almacén, oficina….

Desde éste Enero de 2016, el hospital viene funcionando a pleno rendimiento, son variadas las patologías que aquí llegan, la más frecuentes son Malaria, VIH, Fiebre Tifoidea, Brucela… patologías propias de medicina tropical en áreas en subdesarrollo. Se da calidad asistencial y el centro se ha convertido en un referente en la zona, y se disponen de medicamentos y medios suficientes para tratar todas éstas personas que aquí llegan. Donde no solamente se les dan medicinas, si no también un sitio acogedor, limpio, ordenado y con un personal que intenta favorecer un clima agradable para el paciente y sus familias. Venimos desarrollando también programas de salud para las embarazadas, salud prenatal y postnatal incluyendo vacunaciones de niños hasta el primer año de vida.

Solo como ejemplo reciente me gustaría recordar a Valeriano, un niño de 12 años, con una patología inespecífica imposible de diagnosticar con los medios que aquí disponemos, había pasado por tres centros médicos antes de llegar a Butare, vino muy enfermo, completamente edematizado, desfallecido,  no tenía fuerzas para sostenerse…han pasado ya dos semanas desde que llegó, ha mejorado notablemente y ahora se le ve corriendo y jugando con los demás niños. Ayer su madre nos agradecía profundamente todo lo que hemos hecho por ellos, destacando sobre todo el trato humano que aquí se le ha dado y que no había encontrado en los demás hospitales a los que había acudido. Éste es un claro ejemplo de esas “pequeñas tiritas” que vamos poniendo en toda ésta gente y por las que merece la pena el trabajar y estar aquí.

Todavía queda mucho por hacer en Butare, pero no tenemos prisa, la maternidad se rehabilitará, se implantaran nuevos programas de salud y poco a poco conseguiremos que éste sitio lejano de “todo” estará cada vez más cerca de lo que en nuestro mundo en desarrollo llamamos calidad asistencial de todos y para todos. 


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