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Luto mundial

Desde hoy Karakara tiene 3 solecitos menos. 3 almitas que se han marchado para siempre. Han muerto 3 niños, el mismo día. De paludismo, de diarreas, de fiebre tifoidea… yo que sé. Se han muerto de pobres. De Africa. Tenían 8 meses, 1 año y 4 años. La vida recién estrenada. Se habrán cansado de tener el vientre hinchado y sin comida, de infecciones que no se curan, de fiebres que queman…He visitado a las madres, con las vecinas. Los hombres aguardan fuera, las mujeres se reúnen dentro de la casa, con sus bebés. No se han inventado las palabras para consolar a una madre que ha perdido a su hijo. Y tampoco para expresar el sufrimiento de sus miradas. Os dais cuenta? De una casa a la segunda habrá 100 metros y a la tercera 50 más. Y de mi casa 200 metros. Eran mis vecinos. Es que no podemos parar esto? En qué pasamos el tiempo? Tenemos de verdad algo mejor que hacer que intentar evitar que tres personitas mueran? Porque estoy segura de que es posible. Yo he bajado de la nube y he aterrizado de culo en esta playa enorme. Me gustaría que todos bajáramos de la nube hoy. Y reflexionemos sobre las diferencias, sobre las injusticias, las miserias del norte y del sur; sobre nuestras vidas y nuestras conciencias. Para mí hoy es un día de luto mundial. Porque el mundo ha perdido tres vidas preciosas y hoy es un poquito peor. Dejémonos de preocupaciones que no son tales y ocupémonos de que vivir tenga el mismo significado en todas partes. De que los bebés puedan elegir el vientre de sus madres sin miedo a equivocarse. La vida a veces nos sacude. A mí la muerte de un niño me sacude siempre y agita todo mi ser. Me revuelve las tripas y estruja el corazón. Me resulta imposible razonar, el cerebro no funciona. Las neuronas se dispersan y no hacen contacto. Soy un interrogante gigante sin respuesta alguna. Es mucho pedir que los niños vivan? Ya es hora de acercarnos, de tocarnos. De plegar el mapa por la mitad y confundir el norte con el sur. Porque el conocimiento, el verdadero, no la mentira de la televisión, no puede dejar indiferente a nadie. Porque cuando la muerte tiene nombre y apellidos resuena en nuestra consciencia por un poco más que cinco minutos.

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